Reflexiones de un astrónomo sobre las ciencias sociales
En medio del debate por el financiamiento de la ciencia, Lucas Cieza, astrónomo y profesor del Inst. de Estudios Astrofísicos de la UDP, plantea que son las ciencias sociales y las humanidades, no la tecnología, las que enfrentan hoy los desafíos más urgentes. Critica los argumentos reduccionistas en torno al tema y afirma que se necesitan políticas de Estado que apoyen todos sus eslabones.

En las últimas semanas ha surgido un debate sobre el financiamiento de la ciencia y sus prioridades. Esta discusión no es nueva ni se restringe a Chile, surge del ideario de un populismo de derecha que ofrece un argumento reduccionista: hay que priorizar la transferencia tecnológica y el impacto económico de los fondos que se invierten en ciencia, ahorrando en otras áreas que supuestamente son menos “útiles” para la sociedad, como las ciencias básicas o las sociales. El argumento suena razonable en superficie y suele tener una alta aprobación en el electorado.
Quienes nos dedicamos a hacer ciencia sabemos que el tema es mucho más complejo. No hay duda de que la ciencia y su aplicación (la tecnología) son la base de las sociedades modernas. Pero la ciencia es una cadena donde la transferencia tecnológica es solo uno de sus eslabones. Antes que exista la transferencia tecnológica, debe haber ciencia básica y disciplinar. Einstein no estaba pensando en las cámaras de los celulares cuando describió el efecto fotoeléctrico o en el GPS cuando desarrolló su teoría de la relatividad general. Por otro lado, la aplicación del conocimiento y el estudio de los efectos positivos y negativos de las tecnologías son temas de estudio de las ciencias sociales y las humanidades, en el otro extremo de esta cadena. Las ciencias sociales y las humanidades además trascienden los aspectos puramente tecnológicos. Se ocupan también de las relaciones interpersonales y la condición humana que nos une desde mucho antes que existiese cualquier ciencia o tecnología moderna.
Respecto a las prioridades, me atrevo a decir que son justamente las ciencias sociales y las humanidades las que ofrecen los desafíos más complejos y necesitan mayor apoyo en la actualidad. Como astrónomo que trabaja diariamente con maravillas tecnológicas, como son los telescopios ALMA o James Webb, soy muy consciente de las capacidades técnicas del ser humano y de su habilidad para develar misterios. Gracias a la astronomía, hoy sabemos a ciencia cierta que los átomos de nuestro cuerpo fueron formados en el interior de antiguas estrellas que ya han muerto. Gracias a la biología, también entendemos que somos todos miembros de una misma especie que surgió en África hace más de 200 mil años y que todas las etnias del mundo están íntimamente relacionadas. Aun así, estos datos duros siguen sin tener el impacto social que uno esperaría. Seguimos matando entre nosotros porque múltiples grupos de personas se consideran los elegidos de Dios.
En estricto rigor, la humanidad ya cuenta con el desarrollo científico y tecnológico necesario para brindar sustento material a todos sus miembros. La robótica y la inteligencia artificial, correctamente utilizados, no harán más que consolidar esta situación. Si en el siglo XXI aún existe el hambre no es por nuestra capacidad tecnológica de producir alimentos, sino por nuestra incapacidad social de abordar el problema en forma efectiva. Los desafíos que enfrenta nuestra especie y deben ser estudiados con las herramientas de las ciencias sociales y las humanidades son inmensos. Abarcan temas globales tan urgentes como el derecho internacional que está siendo desmantelado y los riesgos que implicaría el desarrollo de una super Inteligencia Artificial. También incluyen temas locales e históricos como la corrupción, la desigualdad y el racismo estructural. En los países de nuestro continente, el nivel socioeconómico aún se correlaciona con el color de la piel, producto de 500 años de historia y de nociones de superioridad étnica que siguen vigente en los discursos políticos. Otras problemáticas más recientes se relacionan al deterioro de la salud mental de la población, el recrudecimiento del bullying en nuestras escuelas, y el surgimiento de nuevas adicciones como la dependencia digital y la ludopatía.
Por todo lo anterior, para que la ciencia siga aportando al desarrollo de los países, y de la humanidad en su conjunto, se necesitan políticas de estado que apoyen todos sus eslabones. No es casualidad que muchos gobiernos de derecha, ya sea en Chile, Estados Unidos o Argentina, solo se interesen en algunos de sus elementos, en desmedro de las ciencias sociales. Los científicos hace tiempo hemos descubierto algo sumamente incómodo para las estructuras de poder tradicional: solo las leyes físicas son inamovibles. La humanidad es una construcción social sujeta a constante revisión. Las ciencias sociales suelen cuestionar, con datos, argumentos, y pensamiento crítico, los modelos socioeconómicos que algunas derechas intentan instalar cómo si fuesen verdades sagradas, algo que claramente no está en su interés financiar.



