Jessy Chamorro-Salas: escribir para mirar lo que la sociedad no ve
En su libro "Corsé", la profesora, doctora en Literatura y escritora Jessy Chamorro-Salas explora a través de una serie de relatos la sensación de opresión y ahogo que experimentan personajes inmersos en estructuras socioculturales rígidas, ya sea en escenarios tan diferentes como el Metro Baquedano o el desierto. La división entre las secciones "Anónima" y "Corsé" del libro aborda problemáticas de la mujer, como el aborto y el femicidio, así como la invisibilización de ciertas voces en la sociedad. Con un formato fanzine, el relato "Deshabitada" resuena con esta misma temática, haciendo un "zoom" sobre realidades silenciadas que, al cerrar el libro, dejan una sensación de algo que sigue apretando.

Jessy Chamorro-Salas es profesora, doctora en Literatura, escritora y monitora de talleres literarios en la Biblioteca Central de Maipú. Desde ese cruce entre docencia y escritura, su libro Corsé reúne relatos que viajan desde el Metro Baquedano hasta la soledad del desierto, pero lo hacen con un pulso común: personajes que avanzan bajo estructuras que aprietan, moldean y, a veces, ahogan.
En conversación con La Voz de Maipú, Chamorro-Salas profundiza en el sentido simbólico de ese “corsé” y en el diálogo que se abre con Deshabitada, su relato publicado en formato fanzine, donde la asfixia cambia de escenario, pero no de pregunta.
Corsé reúne relatos que van desde el Metro Baquedano hasta la soledad del desierto. ¿Qué “hilo” une mundos tan distintos dentro del libro?
El título del libro es el leitmotiv central, la sensación de estar envueltos en realidades que aprisionan y que en ocasiones, ahogan a los personajes, ese es el hilo que guía los relatos.
El título Corsé sugiere una prenda que aprieta, moldea y también sostiene. ¿Qué es lo que tu literatura “ajusta” aquí: el cuerpo, la memoria, la ciudad, el lenguaje?
El corsé resulta un elemento simbólico que constriñe los cuerpos de los personajes femeninos sobre todo, pero también de los masculinos, quienes se ven coartados por estructuras socioculturales rígidas. Asimismo, la ciudad, que es un protagonista silente en las narraciones, funciona como un contexto opresivo en donde el consumismo y la hiper-tecnologización oprimes a los personajes.
En una reseña se menciona que el libro se organiza en dos partes (“Anónima” y “Corsé”). ¿Qué buscabas con esa división y qué diálogo se arma entre ambas secciones?
La sección Corsé da título al libro porque ayuda a problemáticas de la mujer más profundas, tales como aborto y femicidio. En cambio, Anónima, tiene que ver con relatos de personas que viven ocultas en sus mundos, personas que son extraños, que están escondidos e incluso invisibilizados en la sociedad. Trato de mostrar sus mundos, hacer un “zoom” a sus historias.
Sobre Deshabitada: publicaste ese relato en la Fanzinoteca de Inti Ediciones. ¿Qué te permitió el formato fanzine (brevedad, riesgo, voz, circulación) que no te permite un libro tradicional?
El texto Deshabitada fue uno que no pudo ingresar a la segunda edición de Corsé. La oportunidad de publicar en formato fanzine me pareció propicia para que el relato viera la luz, pues le permitió tener una circulación más rápida, y una lectura más cercana con el público.

Para quien te lea por primera vez: ¿cómo conversarían Corsé y Deshabitada si fueran “dos piezas” del mismo cuerpo? ¿Qué preguntas te gustaría que quedaran resonando después de leer ambos?
Deshabitada es un eco de Corsé que nació del mismo espíritu, se refiere a una casa que asfixia a quienes la habitan, quienes tienen vidas anónimas que de alguna manera están costreñidas por realidades adversas. Me gustaría que los lectores reflexionaran tras las lecturas sobre sus realidades, las de sus cercanos, las que quizá jamás notaron, pero que están ahí, silentes, tratando de sobrevivir en este mundo extraño.
Corsé y Deshabitada apuntan a poner luz donde suele haber silencio. Ya sea en la ciudad o en una casa que aprieta desde adentro, la escritura de Jessy Chamorro-Salas hace un “zoom” sobre vidas que pasan inadvertidas y sobre violencias que se normalizan hasta volverse paisaje. Quizá ahí está el gesto más potente: que al cerrar el libro, el lector sienta que algo sigue apretando.




